 |
Datos Generales:
Área: 83.84 Km2.
Población: 564.477 hab.
Idioma: Portugués.
Moneda: Euro.
|
Lisboa es una ciudad muy agradable tanto para el turista como para el residente. Tiene un tamaño y unos servicios que -sin ser los de una ciudad inmensa- no tienen nada que envidiar a los de otras capitales europeas, una temperatura excelente durante todo el año, una vida nocturna muy divertida, inmensos centros comerciales, playas muy agradables a escasos kilómetros de distancia y miles de rincones que descubrir.
Arropada por siete colinas y abierta al mar por el río Tajo, Lisboa se adosa al corazón del visitante que pisa el entramado de sus calles. De la capital portuguesa emana el olor añejo en fachadas y calles, en tranvías y plazas. Ciudad albero, ciudad de los sentidos bañada por el Tajo. Lisboa embriaga con su color dorado, mezcla de oro y ocre, imprime el sabor de lo antiguo, no en vano fue cabeza de imperio colonial. En la ciudad de Lisboa se puede disfrutar de un urbanismo que roza los vértices del tiempo. Construcciones medievales y neo-manuelinas, modernismo industrial de hierro, arquitectura funcional y la influencia francesa de art nouveau, configuran un entramado de lo más original. La orografía proporciona un emplazamiento peculiar, cuajado de ondulaciones.
Los miradores de Lisboa son un regalo para la pupila del viajero. Desde estas ventanas naturales, se puede apreciar el Tajo, el puente 25 de abril, la ciudad y sus monumentos. Los más visitados se encuentran en las colinas, en el castillo de San Jorge, en Monsanto, la vista desde ellos devuelve la visión de un retrato realista de la ciudad.
Lejos del centro histórico, Lisboa ha crecido hacia el norte y ha llevado el centro económico, de negocios y de vida hacia el norte. El centro histórico ha quedado más como una zona turística y de pequeño comercio. Desde la Plaza de Restauradores hacia el Norte sale la Avenida da Liberdade, que se prolonga hasta el extremo norte de la ciudad, si bien va cambiando de nombre en los diferentes tramos. En realidad, no es un paseo especialmente monumental o pintoresco, pero hay algunas zonas con encanto.
En la Avenida da Liberdade están algunas de las tiendas de lujo más importantes de la ciudad, así como numerosos teatros y hoteles. Siguiendo hacia el norte se llega hasta la Plaza del Marqués de Pombal y el Parque Eduardo VII y, un poco más adelante, está la plaza de toros de Campo Pequeño, en proceso de convertirse en un centro comercial. Desde allí, girando hacia el oeste por la Avenida de Berna, hay apenas un pequeño paseo hasta llegar a la Fundación Calouste Gulbenkian, cuyo museo y jardines son interesantes de ver.
La parte más interesante del centro histórico de Lisboa. El barrio de la Baixa, junto al río Tajo, y la subida a la Catedral y el Castillo. Es la ruta típica del turista que empieza a moverse por Lisboa. Comienza en la Plaza de Restauradores, caminando hacia el sur. En el lado derecho de la calle se puede ver la fachada modernista de la estación de ferrocarril de Rossio, de donde salen algunos trenes hacia Sintra. O al menos salían antes, porque la estación lleva algún tiempo inutilizada por problemas en un túnel que sale de ella. Junto a la estación se encuentra la Plaza del Rossio, donde comienza la zona de la Baixa.
Desde allí se recomienda pasear por la Rua Augusta hasta la Plaza do Comércio y detenerse a observar el elevador de Santa Justa (si alguien quiere subir, que no compre el billete dentro del ascensor, sino los llamados BUC de dos viajes en las taquillas que están en la parte posterior. El mismo consejo vale para el tranvía). Después de llegar hasta la Plaza del Comercio y ver la vista del río y la plaza, se puede volver sobre el camino ya andado hasta llegar a la la calle por donde pasa el tranvía 28 y corta perpendicularmente la Rua Augusta. Aquí hay dos opciones: o se sube en el tranvía hasta el Castillo de Sao Jorge –no llega hasta la puerta del castillo, sino que deja a unos 100 metros cuesta arriba- y se baja posteriormente andando para detenerse en la Catedral o se sube andando, se para en la Catedral y se sigue posteriormente hasta el Castillo. En realidad, el camino no es largo y no hace falta tomar el tranvía, pero es tan típico de la zona que siempre se recomienda un paseo.
El Castillo de Sao Jorge tiene algunas de las mejores vistas de Lisboa y está en un entorno muy tranquilo (si exceptuamos los turistas, claro está), así que es ideal para perderse un rato en la ciudad. La ruta no es larga y se recomienda combinarla luego con un paseo por Alfama, una cerveza en la terraza del bar Chapitô o, mejor aún, deshaciendo los pasos (o pasando de largo la Baixa en el tranvía 28 y darse un paseo por el Chiado).
La arquitectura más moderna de Lisboa se da cita junto al río en lo que queda de la antigua Expo 98. Es una zona bastante alejada del centro y, sin duda alguna, lo mejor para llegar allí es la línea roja de metro hasta la estación de Oriente. Lo primero que hay que ver en la zona es la propia estación, diseñada por Calatrava. Desde allí, lo mejor es dar una vuelta tranquila por la zona, disfrutar del paseo y de las vistas del río y, si se quiere, tomar algo en las terrazas de por allí. Hay un teleférico que no lleva a ninguna parte, pero que tiene vistas bonitas del río y del puente Vasco de Gama.
Una vez recorrida la Baixa, es posible también dirigir nuestros pasos al Barrio Alto en lugar de a la zona del Castillo. Para subir a pie, lo mejor es tomar una empinada calle que sale desde el Rossio. Los que viven más tiempo en Lisboa o los más avispados sabrán que pueden librarse de la cuesta subiendo por las escaleras mecánicas o los ascensores de los Armazéns do Chiado o de las dos bocas de metro de Baixa-Chiado, pero, si sobran las fuerzas, se recomienda dar un paseo. La zona, en realidad, no vale mucho de día; pero es indispensable en la noche lisboeta.
La mayor parte de los edificios emblemáticos del Parque de las Naciones son restos de la Expo de 1998. Así han quedado los edificios de la Feria de Lisboa, el Pabellón Atlántico y el Acuario, que –en mi opinión- es de lo mejor que hay por allí. El precio es caro, pero merece mucho la pena a quien le gusten los animales. Para quien haya visto antes las zonas más tradicionales de la ciudad, la arquitectura del lugar le hará sentirse en una ciudad distinta. Además de los edificios que quedaban de la Expo, se han construido bloques residenciales y de oficinas muy peculiares que harán las delicias de quien tenga interés por la arquitectura moderna.
En Belém hay cuatro lugares turísticos de visita obligada: la Torre de Belém, el Monasterio de los Jerónimos, el Monumento a los Descubridores y la tienda de los Pasteles de Belém. El orden da igual, aunque siempre viene bien tener en cuenta que la pastelería es el lugar más cercano al centro y la Torre el más alejado, así que es buena idea empezar por uno u otro. El paseo, a paso lento y relajado y deteniéndose a ver los cuatro monumentos, dura una media hora. Algo más de tiempo si se quiere entrar en alguno de ellos. Si se está cansado, se puede aprovechar para descansar en los jardines o praderas o tomarse algún pastel de los tradicionales del barrio.
La vida nocturna en Lisboa es amplia y con muchos ambientes diferentes, así que cada uno se puede sentir bastante a gusto. Desde bares tranquilos hasta las discotecas más de moda, pasando por el tradicional ambiente del Barrio Alto, si algo no falta en la noche de Lisboa son oportunidades para divertirse.
En las tiendas de souvenirs tradicionales se pueden encontrar todo tipo de objetos relacionados con Lisboa o Portugal. El más tradicional es el llamado Gallo de Barcelos, una colorida cerámica con forma de gallo. También, para un poder adquisitivo más alto, es posible comprar cerámica y azulejos.
En las proximidades de Lisboa hay muchas localidades y lugares fantásticos para excursiones de un día. Puede visitarse Sintra, Cabo da Roca, Cascais y Estoril, una fantástica excursión de un día pasando por palacios, acantilados, playas, pueblos de buena reputación y hasta casinos. Realizar una excursión al grandioso convento y cuartel de Mafra, culminada por un paseo por la playa de la villa de pescadores de Ericeira, o bien una excursión breve y combinable con otras al impresionante palacio Queluz a las afueras de Lisboa. En las proximidades de Lisboa hay multitud de playas, como la Costa da Caparica donde darse un baño y tomar el sol en verano. No debe perderse lo mejor del lado sur del río Tajo (Tejo para los Portugueses) con paseo final por Belém.
|